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Congregación de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada.
Como fruto de la Dirección Espiritual del Siervo de Dios nació su Obra de Caridad.
El 29 de marzo de 1934, jueves Santo, bendijo una humilde casita, casa hogar para personas necesitadas y solas; era un pobre Belén, así nació nuestra Congregación:
Misioneras de la Caridad de María Inmaculada.
Dicha Obra fue pensada para ser religiosas en el mundo, por lo que las Hermanas vivía con su familia, dedicando todo el tiempo que pudieran a la caridad con los enfermos, pobres y niños.
El Espíritu de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada es el Espíritu de Infancia Espiritual, de Infancia Evangélica, de Filiación Divina, de pequeñez, de sencillez, de vivir como los hijos de Dios. Ser pequeño es reconocer la propia nada, no atribuirse a sí mismo las virtudes que se practican. Siendo de esta manera seremos necesariamente alegres, confiadas, audaces, amorosos.
La Infancia Espiritual, es totalmente evangélica, es el mismo mensaje que nos trajo Jesús: Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo

Tal como nos lo enseña Jesucristo en el Evangelio, como nos lo recomienda la Iglesia y como lo han practicado los Santos, como Santa Teresita del Niño Jesús.
Dice el P. Moisés a sus hijas:
Su caminito es fácil, sencillo, sin complicaciones, sin cosas extraordinarias es el mismo camino que vino a enseñarnos Jesús con su vida, con su palabra y que la humanidad lo había olvidado tanto, o al menos complicado, y por eso Dios suscitó a Santa Teresita para que lo recordáramos. En la práctica veréis que fecundo, que fácil es ese espíritu, no hay que hacer otra cosa más que <Estar atentas a Dios, unidas a Él, que es llevar a cabo su voluntad hasta en los detalles más delicados> y para esto no necesitamos inteligencia extraordinaria, ni haber estudiado muchas cosas, no Hijas, con la inteligencia que Dios os haya dado, mucha o poca, podréis realizar el espíritu que Dios quiere que tengáis.
El P. Moisés nos deja con su propia vida un mensaje, un camino para unirnos a Dios, es decir, un camino de santidad. Tiene como principio fundamental saberse y experimentarse verdaderamente hijo amado de Dios Padre.
El P. Moisés no realizó cosas extraordinarias; lo extraordinario en él fue su capacidad de amar y de donar su vida a todo hombre por amor a Dios. Moisés no sabe otra cosa más que amar, por eso su apostolado es el de la bondad.
Moisés tiene mucho que decir al hombre de hoy: al que vive desalentado, vacío, deprimido, que no encuentra sentido a su vida y no experimenta el amor de Dios. 
La experiencia que Moisés tiene de Dios no es intimista, es decir no se queda en sí mismo, sino que la comparte y se compromete con los demás, y él lo puede realizar gracias a la total y absoluta confianza que tiene en Dios, que es su Padre.
Es por ello que no se desalienta ante su impotencia, debilidad, miseria, fracasos o limitaciones pues reconoce que sin Dios nada puede hacer.
Moisés, el primogénito de los Misionero del Espíritu Santo, vivió la Espiritualidad de la Cruz y supo aprovechar cada circunstancia para agradar a Dios, tanto en los momentos de alegría como en los momentos de dolor o de contradicción.
Tuvo una inmensa capacidad de asumir el dolor, pues comprendió que es el momento en que se encuentran dos abismos: la misericordia de Dios y la miseria del hombre.
El P. Moisés es modelo y maestro de la vida interior, basada en la Filiación Divina y en la Paternidad de Dios. Es místico y profeta en nuestro tiempo. ¡Te invito a conocer al P. Moisés y a descubrir cómo llevó su tesoro en una vasija de barro!
A beber del manantial de su espiritualidad, que siempre tiene una respuesta concreta para saciar nuestra sed de Dios, amor, paz, justicia, solidaridad, comunión y reconciliación. |
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